martes, 4 de febrero de 2014

Espero que tengas 2:44 minutos...



Unos serafines estaban de pie por encima de él. Cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, y con dos se cubrían los pies, y con dos volaban. Y uno gritaba hacia el otro: 
«¡Santo santo, santo es el Señor de los ejércitos! 
Toda la tierra está llena de su gloria. 
(Is 6,2)

lunes, 3 de febrero de 2014

El Hogar...

Como muchos de mis amigos saben, soy un admirador de J.R.R. Tolkien. El Señor de los Anillos me parece una obra maestra, sobre todo debido a la capacidad de Tolkien para expresar poéticamente muchos tópicos importantes para la vida. Para mí uno de estos tópicos es el hogar.


La historia de El Señor de los Anillos está constelada de "hogares", es decir, lugares (y personas) que te hacen sentir acogido, en familia. 


Es interesante que durante el relato todos estos sitios, aunque plácidos y agradables, son lugares de paso. Al final, el único Hogar verdadero es el hogar final, el que está "más allá del Mar". 



Me hace reflexionar. Yo también tengo muchos hogares. Pero siempre llega el momento de dejarlos. Por eso espero llegar al Último Hogar. Aquel donde veré a los que quiero, donde los veré para siempre. Dónde sentarse a compartir será no un momento de reposo en el peregrinaje, sino el final esperado...

sábado, 1 de febrero de 2014

Homilías «Resume tu discurso. Di mucho en pocas palabras» (Si 32,8).

Cuando era laico, solía ir a la eucaristía temprano, antes de las clases. Uno de los sacerdotes que oficiaba esa misa solía dar sermones con las siguientes características:

1. La homilía (sin mucho sentido) solía durar unos cuarenta minutos. (Obviamente, después de 5 minutos, no tenía idea de qué estaba hablando).
2. En mi ciudad, a unos 40º C, nos hacía apagar los ventiladores de la iglesia, porque "no se escuchaba a sí mismo".
3. Debido a la extensión, después de la misa yo no podía llegaba a tiempo a clases y no me daba tiempo de desayunar...



Esta experiencia fue una gracia de Dios, sobre todo para mis fieles, a los cuales prometí nunca hacerlos sufrir de esa manera...

A este propósito, Papa Francisco nos recuerda que:


En la Biblia, por ejemplo, encontramos la recomendación de preparar la predicación en orden a asegurar una extensión adecuada: «Resume tu discurso. Di mucho en pocas palabras» (Si 32,8). EG 156

Alegría...

Me considero una persona bastante alegre. En gran parte esta alegría se debe a que soy cristiano. Como creo en Jesús, estoy lleno de esperanza. Creo que, al final, todos los dolores pasan, todas las tormentas se disipan. Pero en el momento del dolor a veces es difícil ver esto. Se ve mucho más claro después...


Pero mi alegría no se basa sólo en el hecho de que no hay mal que dure mil años... Se basa, sobre todo, en el hecho de que creo firmemente, como dice san Pablo, que todo concurre en favor de las personas que Dios ama. Así, cada dolor pequeño o grande tiene un cometido, gracias a que Jesús en la cruz lo ha asumido. En Él nada se pierde. Todo es semilla de gracia, fuente de bendición...